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| LUIS BRANDONI Y OSCAR MARTINEZ. |
“Beto pertenecía a una generación que me antecede, me llevaba exactamente 10 años”, arrancó, con ese tono reflexivo que mezcla memoria y emoción. Y enseguida puso en números lo que para muchos es una vida entera: “Hoy hice la cuenta… hace 55 años que trabajamos por primera vez, en el ‘71”.
Ese primer cruce fue en una película de la picaresca porteña, seguido poco después por La tregua, uno de los clásicos del cine nacional. Después, el tiempo hizo lo suyo: caminos separados, pero un vínculo que nunca se cortó. “Siempre nos profesamos amistad y afecto mutuo, nos juntábamos a comer… aunque nos quejábamos de lo poco que habíamos trabajado juntos”, recordó.
El reencuentro llegó décadas más tarde, de la mano de Juan José Campanella, en El cuento de las comadrejas. “Ya era hora”, deslizó Martínez, con una sonrisa que se intuía del otro lado. Lejos de los elogios formales, el actor fue directo: “Beto fue un coloso, un actor extraordinario que ya está instalado, con mucho mérito, entre los mejores actores argentinos de todos los tiempos”.
Porque, según Martínez, si algo definía a Luis Brandoni era su amplitud: “En la memoria colectiva queda lo más popular, sus comedias, eso que tenía que te hacía morir de risa. Pero también era un actor dramático extraordinario”.
La frase se repite, pero no pierde fuerza: “Hacía todo bien”. Con presencia, histrionismo y un peso actoral que, según Martínez, era imposible de ignorar. Pero el homenaje no se quedó solo en lo artístico. Martínez puso el foco en el costado más profundo:
“Fue un hombre íntegro, apasionado, muy comprometido con nuestro destino colectivo, con el país”.
Y en tiempos donde las grietas suelen marcar las despedidas, dejó una definición potente: “Merece el afecto y el respeto incluso de sus adversarios políticos. Nadie puede negarle su amor por el país, su honestidad, su valentía”.
En ese repaso, también hubo lugar para recordar los momentos más difíciles: su exilio, su postura firme frente a distintos gobiernos y su decisión de nunca callarse. “Fue un hombre que corrió riesgos en la peor época de la Argentina y después no se escondió nunca”, resumió.
Como en toda gran despedida, las anécdotas aparecieron para bajar a tierra al mito. Martínez recordó especialmente el rodaje de El cuento de las comadrejas, donde compartieron camarín en una casona de Devoto: “Nos dimos un gustazo”. Ahí, el actor recordó al Brandoni más íntimo: generoso en el trabajo, apasionado para conversar y con intereses que iban de la política al fútbol… pasando, también, por “la belleza de las mujeres”.
“Era un recolector de anécdotas. “Tenía una enciclopedia en la cabeza. Yo le decía que tenía que escribir todo eso”, recordó Oscar Martínez con nostalgia. Y quizás ahí esté una de las claves de por qué Luis Brandoni deja una huella tan grande: no solo por lo que hizo arriba del escenario, sino por todo lo que generaba abajo.

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