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| GUSTAVO Y TOMAS YANKELEVICH. |
En la charla, el empresario y productor de espectáculos habló de su vida, marcada por el gran éxito profesional que lo erige sin duda un genio de la televisión argentina como productor y programador pero también por momentos muy duros que atravesó en el plano familiar, ya que mucho antes de la muerte de su nieta Mila, sufrió la de su hija Romina Yan. Fue el 28 de septiembre de 2010, a los 36 años. "Nadie está preparado para eso", dice sobre cómo afrontó estas pérdidas
Con la voz quebrada, Gustavo describió la admiración que siente al ver cómo su hijo transita el dolor más difícil, el que él comprende más que nadie. "Le pone una garra tremenda. Yo sé que lo hace por Mila, para que no lo vea mal; lo hace por Sofía, por Inti y por todos nosotros, por todos los que lo queremos".
Romina Yan: una conexión espiritual que trasciende planos y se manifiesta en señales
El recuerdo de Romina, la hija que tuvo con Cris Morena, no es algo del pasado para Gustavo, sino una presencia constante que guía sus días. "Ella es el amor de mi vida, mi referente, mi faro. Hasta el día de hoy. Yo hablo de ella en presente, no hablo en pasado", afirmó con convicción. El productor sostiene que la muerte no es el final: "Tengo la certeza de que están y que no dejamos nunca de existir. Nosotros pasamos a otro estado, a otro plano, y nos volvemos a encontrar".
En ese mismo tramo de la conmovedora entrevista, Yankelevich recordó uno de sus últimos momentos con su hija viva: "Tres días antes de que falleciera, nos encontramos y hablamos cinco horas. Una cosa impensada, porque nosotros hablábamos y nos veíamos, hablábamos por teléfono, pero media hora, una hora. Ella siempre me decía, 'vos hacés visita de médico', y ese día me quedé cinco horas. Para mi fue una charla como otras, la única diferencia es que estuve cinco horas, lo que hablamos me resultó una charla normal. Cuando a los tres días falleció y volví a la charla, no me pareció normal. Fue como si me hubiera dicho 'tenés que hacer esto, esto y esto... Me marcó los pasos que tenía que dar". Ese momento lo compartió con personas a las que considera sabias y les preguntó si las personas que van a morir, de alguna manera lo saben. "Me dijeron que no, que no lo saben, pero que están muy sensibles. Y en esa sensibilidad es cuando se abren y hacen cosas o dicen cosas."
Cómo se sigue tras la muerte de una hija?
La pregunta más temida antes el dolor más insoportable. Gustavo Yankelevich busca la respuesta en su corazón y dice: "Tuve que salir adelante sí o sí por mis nietos, los tres hijos de Romina: Franco, Valentín y Azul... A la mañana me costaba levantarme, me costaba bañarme... Abría la ducha y como no está mal que el agua corra y se desperdicie, me obligaba a entrar a ducharme. Si no, no salía de casa. Así eran los días, durísimos... Me sentaba a llorar en el sillón de mi casa. Me ayudó mucho Rosella, mi mujer, Salí como pude, porque tenía que salir, por mi familia, mis hijos, mis nietos". revela.
Esta creencia no es solo una expresión de deseo, sino el resultado de experiencias que él describe como señales claras. Una de las más potentes ocurrió un día de lluvia, mientras lloraba dentro de su auto: "Se produce una gota entre todas las gotitas de la garúa que empieza a bajar por el parabrisas. Yo la miro, la miro y me empiezo a reír... Romina está acá, la siento, Romina está acá". Más tarde, su terapeuta -que es la misma que tuvo Romina, algo que su hija en vida aceptó- le revelaría algo que él desconocía: "Abrió una carpeta y me puso adelante 10 dibujos de gotas de agua de Romina. Me dice: '¿Vos no sabías que dibujaba gotas?'. Nunca lo supe".
Otra señal inolvidable sucedió un domingo, cuando una extraña necesidad lo llevó a sintonizar una radio AM: "Encontré un temazo de Jaime Roos, 'Si me voy antes que vos'... Después le escribí al director de la radio y me dijo: 'Nosotros no pasamos música, te equivocaste de radio'. Pero al rato me escribe y me pone: 'Si me voy antes que vos, Jaime Roos, único tema que pasamos en el día'". Para Gustavo, no hay lugar para las dudas: "No era increíble, era ella. Las casualidades no existen de ninguna manera; me lo pasó ella y ahí me sentí mejor". Estas vivencias, sumadas a sueños donde Romina incluso le presentaba proyectos, son el puente que le permite seguir adelante, sabiendo que su hija nunca se fue.

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