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| VALENTIN YANKELEVICH. |
El infierno cotidiano y el maltrato
A partir de los 9 o 10 años, Valentín y su hermano Franco comenzaron a padecer violencia física y psicológica constante en su hogar. El joven relató la dureza de la rutina en aquel tiempo: “Eran golpes, gritos, maltrato. A mí nunca me gustó estudiar. Ahora, las ocho horas que yo pasaba en el colegio eran las mejores ocho horas del día porque no volvía a mi casa”.
Valentín detalló episodios severos de agresión física y remarcó la profundidad del daño emocional: “Desde agarrarme de los pelos, llevarme por la escalera, pegarme, dejarme encerrado en el cuarto, traerme la comida cuatro horas después fría, apoyarla en el piso, ‘tomá, comé’”. Asimismo, enfatizó el peso persistente del maltrato psicológico: “El golpe físico tiene un dolor efímero. Te duele y ya está. Pero lo que te queda adentro es el maltrato psíquico y psicológico”.
Por estas razones, Valentín aclaró por qué no se refiere a Giordano como su progenitor:
La denuncia contra Darío Giordano y el rescate de Gustavo Yankelevich
En un principio, sus abuelos paternos no dimensionaron la gravedad de la situación cuando los niños intentaron contárselo. Sin embargo, su abuelo materno, Gustavo Yankelevich —quien los sacaba a almorzar individualmente de forma semanal—, advirtió la angustia de sus nietos, les creyó e intervino inmediatamente.
Un viernes, llevando únicamente algo de ropa en la mochila del colegio y sin avisar a su padre, Valentín y su hermano acudieron a la justicia acompañados por su abuelo al salir de clases. “‘Por favor no nos manden de nuevo a mi casa. No podemos estar más ahí’. Se lo dije a dos chicas que nos tomaron la denuncia. Y gracias a Dios nos escucharon y ahí cambió mi vida”.
Aquel día jamás regresaron a la casa de Giordano. Luego de un largo proceso judicial en el que el padre apeló, la justicia otorgó la tenencia definitiva de los menores a Gustavo Yankelevich. Sobre su abuelo, Valentín expresó: “Mi abuelo Gustavo me salvó la vida. Él me devolvió la vida... Nos dio lo único que necesitábamos que era amor”.
El cambio de apellido y el presente en las pistas
Al cumplir los 18 años, decidió modificar legalmente su apellido para desprenderse del de su padre: “Del día uno quería cambiarme el apellido. Me hacía mal. Fue una gran decisión también en honor a mi abuelo, mi verdadero padre”.
Hoy, a sus 23 años, Valentín compite en el TC2000, respaldado y acompañado activamente por su abuelo en cada carrera. Al hacer un balance de su historia personal, reflexionó: “De ese nene que no quería vivir a donde estoy hoy, con tener ganas de vivir ya es una victoria, imaginate. Y hoy todo lo que logré, mis amigos, mi novia, yo soy muy feliz”.

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