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| LUIS Y MACARENA BRANDONI. |
La escritora se tomó casi dos semanas para pronunciarse a través de un texto cargado de emotividad. Una despedida para su abuelo, a quien consideró su referente y su guía. “Recién me atrevo a escribirte, o a escribir a secas”, se sinceró.
“Intenté hablarte, pero qué ilusa: sé que es mi imaginación respondiéndome a mí misma. Aunque sé que trataste de responderme, y de formas muy creativas, debo admitir, sobre todo a través de sueños y voces que no puedo explicar de dónde vienen”, siguió su relato.
Y siguió: “Cuando junté los ramos de flores para regalártelos, se formó un corazón. Todavía no entiendo bien cómo funciona esto de no ser inmortal, pero estoy segura de que ya lo entenderé”.
“Si algo puedo hacer es quedarme con lo lindo, con momentos inmortales, con tu cara en todas partes, con tu voz única y rebelde, con tu carácter, que tanto heredé y hace poco empecé a aceptar con felicidad, con tu energía y pasión, de las que quiero nutrirme para seguir mi camino. Pero yo sé que, tarde o temprano, nos vamos a volver a encontrar en la casa Las Chingolas, y vamos a ocupar todos los cuartos al mismo tiempo y a comer fruta en el jardín”, subrayó Macarena, quien también es psicóloga.

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